Mostrando entradas con la etiqueta Mourinho. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mourinho. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de septiembre de 2011

Mourinho enciende la hoguera


Mourinho ha terminado por contagiar a algunos de sus jugadores de esa rudeza que le suele acompañar cuando aparece frente a los micrófonos en las ruedas de prensa. El Real Madrid de ‘Special One’ promedia una tarjeta roja cada cuatro partidos, siendo sus defensas los más expulsados.

El portugués asegura que se debe a que los árbitros han orquestado una campaña en su contra por considerarlo una piedra en el zapato. Pero lo cierto es que sus palabras, en tiempos difíciles como son los que atraviesa el Real Madrid, siempre van acompañadas de provocación.

Este martes, Mourinho comparó la expulsión de Khedira y los incidentes antes de la conclusión del partido contra el Levante, con la pelea que se suscitó al final del encuentro amistoso que protagonizaron hace poco España y Chile.

“No me parece que lo de Khedira sea una tangana. En el España-Chile sí fue una tángana y dijisteis que era una cosa espectacular, increíble, que demostraba el espíritu del equipo, de jugadores que eran como hermanos. Si lo hace el Madrid somos un grupo de bandidos".

Las comparación que hizo el portugués no tiene sentido por dos razones. Primero porque generalizar la opinión de la prensa española deportiva es un error grave, ya que las diferencias que existen entre los diferentes medios de comunicación de la madre patria son tan grandes como el desierto del Sahara.

La segunda porque a diferencia de los que sucedió en el España-Chile, en el que los internacionales españoles fueron agredidos y éstos respondieron en defensa de sus integrantes, en el Real Madrid-Levante fueron los jugadores blancos, comenzando por Di María, los que iniciaron la agresión.

Pero más allá de la comparación, lo que hizo Mourinho fue encender fuego en un lugar peligroso. La selección española se ha convertido en algo sagrado para el aficionado a ‘La Roja’. Más ahora que se vio amenazada por la mala relación entre merengues y culés. Es un grupo intocable. Y a Mourinho se le ocurrió entrar ahí sin llamar antes a los bomberos.

Está claro que el portugués no midió sus palabras con la inteligencia que le acompaña. Porque de que es inteligente y exitoso, lo es. El problema es que está creando un ambiente ríspido, propio de una persona conflictiva e individualista, que ha terminado por extenderse en todos los campos de España.

El odio crece con cada palabra que pronuncia el portugués, lo cual termina afectando a su propia plantilla. Cristiano es pitado en toda España. A Pepe ya se le encasilla en el grupo de los más violentos. A Casillas, un intocable de la prensa, a veces se le cuestionan sus actitudes más propias de su entrenador.

Este miércoles los periódicos deportivos, incluidos los de la capital, critican la actitud del portugués. Y eso que apenas comienza la competencia. Mourinho ha perdido esa frescura que le caracterizaba, esa ironía que sacaba sonrisas, sus excusas se agotan como billetes en los bancos. Sus amenazas pierden importancia porque han dejado de ser espontáneas. A Mourinho se le agotan las ideas porque su esfuerzo está dedicado a ensombrecer al Barcelona y no a hacer que su equipo mejore y pueda superar en el campo a su acérrimo rival.

Foto: www.diariosdefutbol.com

lunes, 19 de septiembre de 2011

La rebelión de los humildes, el dedo inquisidor de Mou, y Pepe ‘el bueno’


Cuando parecía que el campeonato español se venía abajo por la debilidad de los humildes y la perfección de los grandes, aparecieron los villanos con cara de tontos para frenar el debate al menos por unos días. El conjunto azulgrana, que se ahogaba en un terrón de azúcar de tanto elogio, no pasó del empate ante la Real Sociedad la semana pasada. Ayer, domingo, al Madrid se le atragantó un hueso pequeño, y al parecer inocente, llamado Levante que lo desquicio hasta llevarlo al terreno de la derrota.

Contra todo pronóstico, ni el Madrid, ni el Barça, pueden hablar de liderato. Valencia y Betis lo hacen con prudencia, a sabiendas de que la gloria es caprichosa y así como llega se va. El Rayo, ese equipo de entusiastas trabajadores que bien podrían pedir dinero en las calles para completar sus sueldos, se está ganando nuevamente el respeto en Primera, mientras que Málaga, Atlético y Sevilla enseñan sus cartas al tiempo que los analistas seguimos considerándolos equipos de ‘segunda fuerza’.

Pero la realidad no es como la pintan. Pep también comente errores. Lo demostró ante la Real Sociedad en Liga y ante el Milan en 'Champions'. En ambos casos le faltó cerrar el partido, y se debió a que no hizo los cambios a tiempo que hubieran evitado los lamentos.

Lo de Mourinho es más evidente. Siempre hay excusa para todo, y cuando no la hay, el culpable no es el capitán sino los marineros. Pobres marineros. Pobre Khedira, que ha sido exhibido por su entrenador peor de lo que lo haría una revista del corazón con fotos suyas en pelotas.

El dedo inquisidor del portugués también señalo a los jugadores del Levante. Los describió como inteligentes por ser provocadores, marrulleros y teatreros, dejando claras muestras de lo que piensa de los suyos, y aunque no lo dijo, no hace falta mucha imaginación para decir que de los suyos piensa que son ingenuos, inocentes y cándidos, por no decir bobos.

Allá Mourinho. Y allá Pep, que aunque parezca que lleva años entrenando en Primera, a veces peca de inexperto.

Allá también Pepe, que reitera su perfil de criminal. Aún recuerdo el día en que, indignado después de ver como el defensa portugués, en un ataque de ira e impotencia, durante un partido Real Madrid-Getafe en el Bernabéu, intentó patear en la cabeza a Javier Casquero antes de que el mediocentro azulón cayera al césped, y no satisfecho, después le soltó un puñetazo a Albín en la cara, localicé a unas reconocida psicóloga del deporte español para conocer su opinión al respecto.

“Pepe le hubiese pegado igual a un objeto, a un saco, a una persona o a un balón. El exceso de tensión y frustración que acumuló Pepe y que descargó con la agresión a Casquero y posteriormente a Albín, fue producto de un hecho puntual”.

O sea que cuando Pepe tiene un exceso de tensión y acumula frustración puede confundir a una persona con un costal de papas y golpearlo como si fuera un objeto inerte. Miedo deben de sentir sus rivales al verle los ojos saltados y llenos de ira cuando va perdiendo. Nadie puede discutir lo bueno que es como futbolista, pero jugadores como él, se sentirían mejor en un manicomio que en un equipo de futbol.

viernes, 9 de septiembre de 2011

La víctima es Mourinho


Mourinho se siente perseguido como si fuese un delincuente pero sin haber cometido un crimen. Las cámaras le acechan con sus mil y un lentes, le quitan la respiración, le llenan los sueños de pesadillas, se infiltran en sus libretas y hacen públicos sus apuntes. Lo delatan cuando le pica el ojo a Vilanova y cuando pisa a Cesc por ‘accidente’.

El portugués aseguró recientemente –ayer mismo- que hay una campaña en su contra y no sabe por qué. Cree que se gestó en Barcelona y es sustentada por la UEFA, por la Liga, por el Comité arbitral y por el famoso Roures, como si se tratase de un thriller al más puro estilo Hoollywood en el que el gobierno norteamericano, FBI y Pentágono, ocultan la verdadera identidad de un esquizofrénico con tintes de genio que dirige los servicios de inteligencia por miedo a que se siembre el pánico en las calles.

Sus delirios de persecución en los que hasta su sombra se convierte candidata a la sospecha, le han llevado a convertir el Real Madrid en un búnker como el que tenía Gadafi en Libia. Valdebebas no tiene las puertas blindadas, pero el portugués ha dado la orden de no dejar entrar a familiares y amigos del primer equipo a los entrenamientos a pesar de que esa costumbre se acentúa desde sus orígenes.

El avión en el que viaja la plantilla del Real Madrid no tiene misiles ni ametralladoras como los de Muamar, pero Mourinho ha revisado las cuentas del conjunto blanco y ha decidido encarecer los traslados prohibiendo la entrada a su transporte aéreo a periodistas a pesar de que los informantes han sido parte de la tripulación desde que los merengues se desplazan en transportes con alas.

Y es que más allá de la campaña que ha ‘descubierto’ Mourinho, el portugués, que se encuentra en una permanente crisis nerviosa que le produce alucinaciones y demencia, ha decidido aislar a sus jugadores y empleados, incluyendo a Florentino, de todo aquél mal que amenace con destruir su objetivo de convertir la exigencia a sus jugadores en una obsesión para destronar al mejor Barcelona de todos los tiempos.

Mourinho no quiere infiltrados como si del departamento de inteligencia se tratase. Se ha obstinado en que sus jugadores no se salgan del guión que él mismo escribió. Quiere controlarlo todo y en ese todo se encuentra el silencio y la marginación. Y todo porque el ex del Chelsea e Inter no sabe quién le picó el ojo a Vilanova, de quién tomó el ejemplo Marcelo para propinarle esa patada a Cesc, quién le pegó al panal de abejas y quién sentó a Casillas en el banquillo por haber intentado sembrar la paz haciendo una llamada a sus homólogos del Barcelona. Demencia senil o inteligencia mal encaminada.

jueves, 8 de septiembre de 2011

¿Quién es el famoso Roures?


Parece un tipo taciturno, con anteojos que parecen lupa, nunca va de traje, parece humilde y tiene una apariencia modesta. No tiene chofer porque asegura que le encanta conducir, tampoco secretaria porque dice que puede marcar el teléfono él mismo.

Es catalán y tiene 60 años. Se declara marxista hasta los huesos. Militó en la Liga Comunista Revolucionaria y no esconde que una de sus hijas nació en Nicaragua en plena revolución sandinista.

En su lista de amigos influyentes, que no son pocos, figura el presidente del Gobierno español Rodríguez Zapatero, el revolucionario del futbol moderno Johan Cruyff, el patrón de la Fórmula 1 Bernie Ecclestone, así como el cineasta neoyorquino WoodyAllen, al que ayuda a hacer sus películas, y el perfeccionista Guardiola.

¿Pero quién es en realidad Jaume Roures? Posiblemente el hombre más odiado hoy en día que tiene una relación directa con el deterioro de la Liga española. Es dueño de una tercera parte del grupo Mediapro, empresa que posee los derechos de retransmisión del futbol español, entre cuyos medios de comunicación se encuentra el canal de televisión laSexta y el periódico de izquierdas Público.

Y sugiero que es el hombre más odiado por el entorno que rodea al balompié español porque a él se le atribuye el cambio de horarios de la Liga para entrar en el mercado asiático pero en deterioro de la siesta y el aperitivo, costumbres muy arraigadas y casi religiosas en España, y de las familias y esposas españoles que ya se ven los domingos todo el día pegadas al televisor o en su defecto con escoba en mano para que sus parejas se sienten a comer.

Se le acusa de favorecer al Barcelona, del cual es un ferviente seguidor, al calendarizar los partidos del conjunto azulgrana de tal forma que, según afirman algunos, como Mourinho, fomenta la mejor recuperación de los futbolistas entre partido y partido en detrimento de los del Santiago Bernabéu.

Y finalmente, también se le atribuye el haber aumentado la diferencia entre Real Madrid y Barcelona, a nivel futbolístico, con respecto al resto de clubes que integran el balompié español debido a su política de comercialización de los derechos de retransmisión que, a diferencia de otros países como Inglaterra y Alemania, que venden dichos derechos de forma conjunta, en España se negocian de forma individual.

Controversias y contradicciones

Bien merecido tiene el apodo de ‘Gárgamel’, y no sólo por su apariencia física, sino también por hacer temblar al imperio Polanco, dueños de el periódico El País, la televisión privada Digital + y la radiodifusora más antigua de España, La Cadena Ser, grupo contra el que inició la ya conocida ‘Guerra del futbol’ por los derechos de retransmisión y terminó victorioso.

Y es que el magnate catalán de los medios de comunicación, mejor conocido como el “Rupert Murdoch español”, se ha convertido en el hombre a seguir si de controversias y contradicciones en el futbol español se trata.

Está empecinado en que el futbol sea de paga como en el resto de Europa, pero el único partido que se retransmite en abierto es por su canal de televisión laSexta.

No satisfecho, ahora ha iniciado una persecución contra las radios porque éstas se niegan a pagar el canon radiofónico, por lo que les ha prohibido la entrada a los estadios y está estudiando la posibilidad de que tampoco lo puedan hacer desde sus estudios con la televisión como guía.

No concuerda con el resto de clubes que se han puesto en pie de guerra para tratar de distribuir de una forma más equitativa los derechos de retransmisión -a pesar de considerarse comunista por antonomasia-, lo cual acortaría la distancia que existe y se incrementa año con año entre Real Madrid y Barcelona y el resto de equipos, y que ya comienza a amenazar la competitividad liguera, porque la presión de los ‘dos grandes’, que perciben 142 millones de euros anuales por esos conceptos, y con los que se aseguran continuar en la cúspide del futbol mundial, le tienen atadas las manos.

¿Y la competencia?

De ahí nace la enemistad de los 18 clubes de la Liga con Roures. Ellos consideran que a corto plazo puede ser contraproducente su forma de comercializa el futbol. Hoy en día no hay equipo español que pueda hacer frente a Real Madrid y Barcelona ni en lo futbolístico, ni en lo económico.

Pero la crisis de los equipos españoles –sin contar a los ‘dos grandes’- no sólo se debe a la prehistórica repartición del pastel televiso y a Roures, sino también a una mala gestión por parte de sus presidentes, a una pésima política económica de sus dueños, y a una paupérrima supervisión de la Liga, que cierra los ojos ante el endeudamiento y se esconde cuando los futbolistas se quejan por la falta de pago de las empresas que los contratan.

Así las cosas, lo cierto es que Roures debería de ser congruente con sus ideales y forzar a Real Madrid y Barcelona a ceder en cuanto a los derechos de retransmisión, el resto de equipos de la Liga deberían haberse dado cuenta de que la repartición que estaban firmando tarde o temprano les iba a cobrar factura, y la Liga de Fútbol Profesional tendría que velar por sus intereses y fomentar un equilibrio competitivo para hacer mucho más rentable su negocio.

Foto1: www.elmundo.es
Foto2: www.telecinco.es

miércoles, 31 de agosto de 2011

Casillas se ve al espejo


Iker Casillas debe convertirse en el legendario héroe de baladas inglesas que robaba a gobernantes para entregar parte del botín a los necesitados. La selección española le necesita como agua de mayo, como una tripulación a su capitán, como un ciudadano a un gobernante leal, alejado de la corrupción, comprometido con las necesidades de la sociedad, ajeno a la ambición que les produce a todos los políticos el poder.

Hace algunas semanas, antes de que diera inicio la primera parte de la Supercopa de España, en La tinta indiscreta dudábamos de la buena cicatrización de la selección tras aquellas heridas profundas que alcanzaron el corazón de los internacionales, producto de cuatro batallas épicas que marcarían un antes y un después en las relaciones entre azulgranas y merengues en el vestuario de 'La Roja’.

Después de la ida, en la que los roces no se ausentaron, pero la situación tampoco pasó a mayores, Vicente del Bosque, que descansaba en el palco de honor del Camp Nou, y que había desestimado tomarse la pastilla para evitar los ataques al corazón a falta de un par de minutos para el final del encuentro que definiría al nuevo campeón, tuvo que haberse atragantado, metido la mano rápidamente al saco para sacar su alivio, justo en el momento en que vio como Marcelo agredía a Cesc como si se tratara de un delincuente que huye con el botín de un banco cuesta arriba y sin respiración.

Y es que cuando parecía que la situación entre los internacionales azulgrana y merengues no había llegado al extremo, y que la cicatrización de la selección mejoraba a paso lento pero no se detenía en su proceso, llegó el mejor intérprete de Mourinho para sembrar el pánico y encender la hoguera que alcanzaría a quemar la parroquia del campeón del mundo.

En carne viva lo que alguna vez fue una costra delgada y sensible, apareció el héroe de Móstoles que ejerce desde algunos años de capitán de la selección y del Real Madrid, único en poder liberar la paloma de la paz, para intentar acomodar nuevamente las piezas del rompecabezas.

Casillas entendió que un líder como él no soportaría verse siete años después arrepintiéndose de que una rivalidad marcada por dos modelos de futbol distintos pero igual de bellos y respetables podían poner fin a un ciclo que ha alcanzado la gloria al conquistar una Eurocopa y un Mundial y que aún tenía fuerza para mantenerse en lo alto del podio algunos años más.

Al verse al espejo, Iker se acordó de que no sólo defiende los interés del Madrid, sino también de una selección que representa a todo un país. Los intentos frustrados de Mourinho en los que maquiavélicamente busca que Casillas y los otros merengues internacionales mantengan las distancias que han separado a los seleccionados españoles de Del Bosque en los últimos meses, a punta de amenazas y suplencias, no le han dado resultados al portugués.

Porque Casillas y Xavi, convocados con la selección para jugar un amistoso contra Chile en Suiza y contra Liechtenstein en Logroño, han decidido reunirse hoy, acompañados por los demás involucrados en la trifulca verbal y física, para dar carpetazo a lo sucedido en los recientes clásicos.

Pepe Reina, líder carismático de ‘La Roja’, lo intentó ayer, en su cumpleaños, a través de una cena a la que sólo llegaron Xavi, Llorente y Villa, debido a que Iker canceló de última hora por “motivos personales”, según comenta hoy José Félix Díaz en El Confidencial.

Parece ser que Casillas, convertido en un Robin Hood que desestima los caprichos de su técnico portugués, dará al pueblo lo que necesita antes de encarar el próximo verano un nuevo reto, conquistar nuevamente el trofeo europeo más prestigiado del viejo continente.

Foto: www.mundofotos.net

lunes, 8 de agosto de 2011

Se acabó la paz


“El futbol se ha convertido en objeto de la sociología, de la filosofía, hasta de la teoría económica. No se ve con claridad qué es lo que el ser humano busca en él. Todo lo que sucede alrededor del estadio es comentado por los sociólogos”.

Vladimir Dimitrijevic


Se avecinan tiempos violentos sin que las heridas hayan cicatrizado y sin que el circo haya abierto sus puertas al público. El verano sirvió para distraer con fichajes y fajos de dinero a las aficiones que apenas pudieron despejar sus mentes de aquellos Madrid-Barça y Barça-Madrid que desataron la locura en las gradas y en los medios.

Estamos subiendo las escaleras que cruzan el puente hacia la gloria. Madrid y Barcelona se vuelven a enfrentar en un plazo menor a una semana. Dicen que en el futbol sólo hay treguas cuando no se enfrentan dos acérrimos rivales. El problema viene cuando aún la locura está en boca de todos y todavía corre por las venas de los jugadores.

El Madrid ha acortado los plazos del éxito. Desde la llegada de Florentino, y a golpe de talonario, se ha propuesto romper el ciclo idílico que vive el Barcelona, contrarrestar una camada de pies pensantes que se resiste a morir a pesar de que el tiempo, y los ciclos, dicen que ya es tiempo de un cambio de estafeta.

Mourinho ha cocinado una exquisita tortilla de patatas a la portuguesa. No le falta sal, ni cebolla, y aunque las papas aún pecan de juventud, el sabor la hace inigualable. Coentrao le ha dado un toque especial. Es un jugador con mucha profundidad y con infinitas cualidades, lo que hace más peligroso y menos predecible al conjunto merengue.

Benzema despertó de un largo letargo. Pero justo a tiempo, en la segunda campaña de Mourinho como técnico, en la que los éxitos lo acompañan según dice su currículum. Para lograrlo, el portugués no ha descansado. A duras penas ha pegado la cabeza en la almohada pensando en cómo cambiar la estructura de un club que padece inestabilidad.

Y lo ha conseguido. Después de ver la pretemporada del Madrid, da la sensación de que finalmente las piezas del rompecabezas están unidas unas con otras. El engranaje es perfecto. Su mediocampo tiene tantas opciones como botones un control remoto. Y eso que Sahin y Altintop aún están entre algodones.

Mourinho todavía quiere un delantero, pero Higuaín recuerda al público que todos los años se dice lo mismo mientras él se alimenta de los rumores para ponerse a punto y darle al Madrid esos puntos que al final del campeonato siempre hacen la diferencia.

El Barça, a dieta

El Barça llega tarde al inicio del campeonato a pesar de la prisa de Pep, pero se escuda en la mentalidad de sus jugadores que tantos logros le ha dado. Asegura que cada año es más difícil debido a que con los éxitos se le van congelando las ideas para motivar a sus pupilos. Algo de cierto hay en las palabras de angustia que predica la boca del ‘Filósofo’.

Alexis llegó al conjunto culé para sembrar el nerviosismo. Pedro y Villa ya no disfrutan de esos masajes relajantes de los que gozaban cuando estaba Bojan. Ahora se los dará Messi, que agradece al Pep que le haya puesto un jugador eléctrico que distraiga un poco la atención de los defensores que lo atosigan. Menos marca y más espacio, debe de decir el argentino al apagar la luz de su habitación antes de dormir.

Aunque la paz de la que gozaron los blancos goleando en China y el sufrimiento que acompañó al Barça en su gira por Estados Unidos ha quedado atrás. La Supercopa de España está a la vuelta de la esquina y viene acompañada de ilusiones para uno y presiones para el otro.

La guerra de futbol

El problema radica en que no hace mucho tiempo, la confrontación de cuatro partidos entre Real Madrid y Barcelona en los que se jugaban gran parte de los títulos, rebasó los límites de la cordura, se trasladó hasta el parlamento, reavivó la ruptura social entre catalanes y madrileños, tensó, como si se tratara de una distensión de ligamentos de rodilla al borde de la rotura, las relaciones entre los internacionales españoles que hacía no mucho habían celebrado como amigos y compañeros el título Mundial con España en Sudáfrica.

Fueron cuatro partidos que acabaron destrozando la belleza del futbol. La importancia de la victoria era tal, había tantos intereses de por medio, que las ruedas de prensa, las declaraciones de uno y otro lado, parecían más unas declaraciones de guerra, que una invitación a comprobar la supremacía de un modelo futbolístico exitoso.

Y es que el futbol es irracional, no se puede intentar comprender una pasión si no es con las vísceras. El balompié ha desatado guerras, va de la mano con la historia. “Cuando el delantero centro del equipo hondureño, Roberto Cardona, metió en el último minuto el gol de la victoria, en El Salvador, una muchacha de dieciocho años, Amelia Bolaños, que estaba viendo el partido sentada frente al televisor, se levantó de un salto y corrió hacia su escritorio, en uno de cuyos cajones su padre guardaba una pistola. Se suicidó de un disparo en el corazón”.

Eso se puede leer en el libro de Ryszard Kapuscinsky “La guerra de futbol”, en el que cual narra cinco días de cruentas luchas y saqueos entre Honduras y El Salvador, cuyo aparente motivo fueron una serie de partidos de futbol entre ambos países que buscaban clasificarse para la Copa del Mundo que se llevaría a cabo en México en 1970.

Pero también, Juan Villoro, en su libro “Dios es redondo” nos lleva al canibalismo que en ocasiones mata la fiesta del balompié. “”El mundo del futbol permitió que algunos porristas actuaran como piratas de la era industrial hasta 1985, cuando los hooligans del Liverpool asesinaron a 39 seguidores del Juventus”. Se avecinan tiempos difíciles cuando el circo aún no ha abierto las puertas al público.

Foto: www.adslzone.tv

domingo, 15 de mayo de 2011

Cortocircuito en el Bernabéu


El clima en el Real Madrid está enrarecido. Ni la Copa del Rey ha calmado los ánimos entre el director general y el entrenador en turno. Mourinho y Valdano no se pueden mirar a los ojos, como un cortocircuito que se produce accidentalmente por el contacto de sus conductores y que suele terminar en una descarga que origina un incendio.

Desde enero la relación entre ambos pendía de un hilo, pero en días recientes, para ser más exactos, desde el miércoles pasado, lo que algún día fue amistad y respeto ahora se ha convertido en odio. Mourinho no quiere que Valdano continúe la próxima campaña al lado del presidente. Lo dicen sus actos y sus palabras.

Tras el triunfo del Madrid sobre el Getafe el martes pasado, Valdano habló ante los micrófonos como de costumbre. “Es Mourinho el que decide cuándo sale a las ruedas de prensa. Hubo mucho ruido en las últimas semanas y es importante haber dado un paso al lado para que bajen los decibelios”, dijo el argentino en un tono pacificador.

Sin embargo, y contrario a las buenas intenciones de Valdano, a Mourinho no le sentaron bien sus palabras y un día después autorizó a su portavoz, Eladio Paramés, para que aclarara lo que para el director general era una realidad. “Valdano es el portavoz del Real Madrid, pero no de Mourinho. Cuando dice que dio un paso al costado se engaña rotundamente. José hará ruido cuando quiera hacerlo y hablará inequívocamente”.

Ese clima adverso fue con lo que se encontró Florentino el día que el Real Madrid enseñaba a su público la ‘maltrecha’ Copa del Rey que tanto anhelaba y que arrebató al Barcelona. Durante el acto, Mourinho y Valdano, separados por algunos lugares, no cruzaron palabra alguna, sus miradas esquivas denotaban alta tensión, como si la vanidad se interpusiera entre ellos o como cuando todo el odio sale a la luz y todas las reconciliaciones son falsas.

Florentino sabe que el divorcio es inevitable. Y le preocupa, porque por si fuera poco, hay un tercero en discordia que agrada al público pero que se cuela como pesadilla en los sueños rotos de Valdano. Se llama Fernando Hierro, y lleva colgado en el cuello un letrero que dice “Pronto estaré sin trabajo, si el Madrid me quiere de vuelta, que me llame”.

Mourinho lo recibiría con los brazos abiertos. El madridismo también. Pero Florentino es consciente de que si da su brazo a torcer y deja que el portugués gane esta crispada batalla, su poder se verá resumido a los despachos, dejando en evidencia que el que manda ya no es él sino el entrenador que llegó para cambiar los valores de un club con más de cien años de antigüedad.

Valdano, por su parte, se lo está pensando. Primero, porque sabe que aún cuenta con todo el respaldo de Florentino. Segundo, porque una vez que Mourinho lo despojó del terreno deportivo, el portugués encontró por unas semanas la calma. Y tercero, porque aunque todo hace pensar que The Special One seguirá al frente del Real Madrid, no descartan que en un arranque de ira pueda marcharse casi sin decir adiós. Aunque Valdano también es consciente de que su renuncia daría paz y tranquilidad al club.

Mientras tanto, Hierro se mantiene a la espera. A finales de junio dejará de ser el director deportivo de la Real Federación Española de Fútbol, ese puesto que tan buen prestigio le ha dado después de que España ganará la Eurocopa de 2008 y el Mundial de Sudáfrica.

El madridismo aún lo recuerda con pasión y locura, lo cual lo hace aún más fuerte como candidato único a desplazar a Valdano y a complacer a Mourinho. Quizás, lo que le hace falta a Florentino es un psicólogo que le ayude a encontrar el camino que lo lleve a resolver sus problemas, esos grandes problemas que no se resuelven con dinero.

Foto: www.futbolargentino.com

lunes, 25 de abril de 2011

Los 'trajes' de Mourinho y Guardiola


(Publicado en MedioTiempo.com el lunes 18 de abril de 2011)

El aficionado al futbol lee ahora cualquier cosa que diga Mourinho. Lo misma pasa con Guardiola. La gente espera del portugués una declaración rimbombante, una descalificación del contrario, una explicación arrogante de sus decisiones. Del catalán, se esperan palabras envueltas en sencillez, dulces cargados de ironía, canapés rellenos de humildad.

Aunque ésa es la imagen que trasciende de ellos, como si se hubieran hecho esos trajes a la medida, no son los únicos que tienen colgados en el guardarropa. Visten diferentes trajes de acuerdo a la ocasión. Los primeros, y con los cuales les conocemos, son como pararrayos sobre los que caen la presión y las críticas que no quieren que les caigan a sus jugadores.

Mourinho no sólo fue el traductor de Bobby Robson en el Barça, ni es el portugués del ceño fruncido, ni el soberbio entrenador victorioso que está enojado con la vida. Dicen los pocos que le conocen bien que es un tipo cálido y afectivo, que el traje que viste ante las cámaras no es el mismo que lleva puesto en casa, que es generoso con los futbolistas, que sus guerras dialécticas son momentáneas, como los truenos y los relámpagos que iluminan el cielo mientras el agua inunda las tierras.

Decidió no seguir los pasos de su padre cuando era joven y cursaba la carrera de educación física. Ahí se dio cuenta que la formación de su pensamiento era fruto de la unión de dos disciplinas que a simple viste parecen incompatibles, el conocimiento y el futbol.

Sabía que si seguía tratando con torpeza el balón en los campos de entrenamiento, nunca llegaría a ser un crack como alguna vez había soñado. Sin embargo, sí sabía que si aplicaba su incuestionable liderazgo, su tendencia natural para estudiar y para entender los complejos aspectos del estudio, algún día llegaría a estar en el top de entrenadores del mundo.

Guardiola es diferente. Viste otra marca de trajes. Tiene una cultura de club de toda la vida. Persigue con obsesión hacer feliz al albañil que le dio la vida. Para Pep, su padre es un ejemplo de integridad y esfuerzo, cualidades que intenta reflejar y transmitir a sus jugadores. Detrás de esa barba crecida de tres días, de esas corbatas delgadas y elegantes, de esos zapatos italianos, está el hijo de un ‘paleta’ (así se les llama a los albañiles en España).

Ante la prensa, se pone el traje sencillo, el humilde, el del día a día. Sus declaraciones no perforan los oídos, mide sus palabras con una cinta métrica, como si sus pensamientos los hubiera construido con cemento y ladrillo. Trata de ser modesto, incluso sumiso en ocasiones. Quizás la experiencia de haber dejado su casa a los 13 años para irse a La Masía, le demostró que cuando se es nuevo lo mejor es guardar distancia.

En su paleta de pintor, Guardiola mezcla la influencia de Cruyff como entrenador, la precisión táctica de Van Gaal, la templanza de Rijkaard, las charlas con Menotti, Bielsa y Pekerman. Combina el azul con el rojo, el amarillo con verde, pero todas las combinaciones le dan el naranja, el naranja de Holanda, de aquella naranja mecánica.

Lo de Mourinho es otra cosa. Es la inteligencia y el conocimiento puesto en escena, como si se tratara de interpretar varios personajes en una misma obra. A veces prefiere que se imponga la táctica al espectáculo. Otras que su equipo suene como orquesta sinfónica y no como una banda de rock. Así sea música clásica o rock and roll, los resultados siempre le sonríen.

Comparar a uno con el otro no tiene sentido, a menos de que hablemos de éxitos. Ambos son perfeccionistas, amantes de los libros y de la música. Son líderes, carismáticos con diferentes definiciones. Difieren en conceptos futbolísticos como los que más. Guardiola es predecible y Mourinho camaleónico.

Pero ahora que pondrán sus estrategias a la vista de todos ante los tres clásicos que se avecinan, habrá argumentos suficientes para que el espectador se identifique con uno, o con el otro.

[MEDIOTIEMPO]

jueves, 3 de febrero de 2011

El Barça se inspira con Mourinho

Me dicen por ahí que Pep Guardiola, al inicio de este nuevo campeonato, ya no sabía cómo motivar a una platilla que lo había ganado todo a nivel clubes. El técnico culé se veía en un barco a la deriva, con poco combustible para llegar a tierra firme, con las ideas difusas y sin recetas nuevas que abrieran el apetito a los Xavi, Iniesta, Messi y compañía. Y fue ahí, en el Real Madrid, en el eterno rival, en donde el técnico culé encontró la respuesta a todos sus miedos.

La llegada de Mourinho al Real Madrid suponía un nuevo reto para el Barça. Su aterrizaje en Valdebebas suponía la oportunidad de una revancha deportiva después de la amarga eliminación del conjunto culé en Champions ante el Inter de Milan que dirigía el técnico portugués. No sólo fue el adiós a la competencia más anhelada y prestigiosa del viejo continente, sino las circunstancias en las que los de Guardiola se despidieron de la competición, el perder la oportunidad de coronarse en casa de su acérrimo enemigo quizás nunca más se volvería a presentar en sus vidas.

Así, con las heridas aún abiertas, el Barça recibió la llegada de Mourinho a la Liga española como un psiquiatra para contrarrestar la depresión. Sólo llegar, The Special One, sacó su libro de cabecera, lo abrió en el primer capítulo y comenzó su provocación. “Nunca entrenaré al Barça, nunca me perdonarán el haberles quitado la oportunidad de ganar la Champions en el Bernabéu”.

Mientras, en Can Barça, guardaban silencio. Atentos observaban al nuevo galáctico de la Liga. Mourinho acaparó la atención de propios y extraños. En pocos días ya no se hablaba de la plantilla blanca, ni de los títulos del Barça, ni de la despedida de Pellegrini. Los diarios deportivos españoles seguían a sol y sombra todo lo que hacía Mourinho. El madridismo recuperaba confianza y esperanza. Todo en el Santiago Bernabéu era alegría y felicidad.

Comenzó la Liga y el Madrid daba buenas sensaciones. Mourinho se fue haciendo fuerte hasta meterse en el bolsillo a Florentino, algo que no había ocurrido en otras ocasiones. Al portugués se le contrató para acelerar el fin del ciclo azulgrana, algo, que al principio, y con argumentos futbolísticos, parecía factible.

Mourinho no quitó el dedo del renglón. Continuó con su estrategia de provocar a Guardiola, a Messi, a Xavi, a Iniesta, a Piqué, a Villa, al que criticó por no marcar goles a pesar de que meses atrás, en el Mundial de Sudáfrica, había demostrado ser uno de los killers más contundentes del planeta tierra. Se metió con otros clubes españoles, despreció a algunos técnicos, incluso, se puso la soga al cuello al asegurar que, en el Clásico, no habría goleada.

Y se ahorcó. Llegó al camp Nou con su soberbia por delante y su estilo provocador por detrás. Salió al campo primero que su plantilla intentando restar presión a sus pupilos. Se le veía tranquilo, aunque no lo estaba, ante sí tenía al mejor Barça de la historia. Y así fue. Quizás en ningún clásico hubo tanta superioridad culé como en esta última batalla. 5-0 y para casa con la cabeza gacha.

El estilo Mourinho motiva al Barça. Guardiola no tuvo que recurrir a los vídeos, ni a las charlas motivacionales antes de cada encuentro. Las palabras de Mourinho para los jugadores culés son como dieses en la licenciatura, como playas paradisíacas, como vacaciones después de ganarlo todo.

Mourinho es un técnico ambicioso, ganador sin duda, así lo dicen sus números y sus interminables elogios por parte de sus jugadores. El portugués es fiel a sus ideas, siempre tiene un As bajo la manga, un antídoto contra la depresión, una estrategia contra la mesura, pero ante sí tiene a un Barça que no se cansa, que está en proceso de maduración, no se vislumbra un fin de ciclo, ni un final amargo. Mourinho tiene que ser paciente y aprender, que la Liga no es la Premier ni tampoco el Calcio.