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lunes, 25 de abril de 2011

Los 'trajes' de Mourinho y Guardiola


(Publicado en MedioTiempo.com el lunes 18 de abril de 2011)

El aficionado al futbol lee ahora cualquier cosa que diga Mourinho. Lo misma pasa con Guardiola. La gente espera del portugués una declaración rimbombante, una descalificación del contrario, una explicación arrogante de sus decisiones. Del catalán, se esperan palabras envueltas en sencillez, dulces cargados de ironía, canapés rellenos de humildad.

Aunque ésa es la imagen que trasciende de ellos, como si se hubieran hecho esos trajes a la medida, no son los únicos que tienen colgados en el guardarropa. Visten diferentes trajes de acuerdo a la ocasión. Los primeros, y con los cuales les conocemos, son como pararrayos sobre los que caen la presión y las críticas que no quieren que les caigan a sus jugadores.

Mourinho no sólo fue el traductor de Bobby Robson en el Barça, ni es el portugués del ceño fruncido, ni el soberbio entrenador victorioso que está enojado con la vida. Dicen los pocos que le conocen bien que es un tipo cálido y afectivo, que el traje que viste ante las cámaras no es el mismo que lleva puesto en casa, que es generoso con los futbolistas, que sus guerras dialécticas son momentáneas, como los truenos y los relámpagos que iluminan el cielo mientras el agua inunda las tierras.

Decidió no seguir los pasos de su padre cuando era joven y cursaba la carrera de educación física. Ahí se dio cuenta que la formación de su pensamiento era fruto de la unión de dos disciplinas que a simple viste parecen incompatibles, el conocimiento y el futbol.

Sabía que si seguía tratando con torpeza el balón en los campos de entrenamiento, nunca llegaría a ser un crack como alguna vez había soñado. Sin embargo, sí sabía que si aplicaba su incuestionable liderazgo, su tendencia natural para estudiar y para entender los complejos aspectos del estudio, algún día llegaría a estar en el top de entrenadores del mundo.

Guardiola es diferente. Viste otra marca de trajes. Tiene una cultura de club de toda la vida. Persigue con obsesión hacer feliz al albañil que le dio la vida. Para Pep, su padre es un ejemplo de integridad y esfuerzo, cualidades que intenta reflejar y transmitir a sus jugadores. Detrás de esa barba crecida de tres días, de esas corbatas delgadas y elegantes, de esos zapatos italianos, está el hijo de un ‘paleta’ (así se les llama a los albañiles en España).

Ante la prensa, se pone el traje sencillo, el humilde, el del día a día. Sus declaraciones no perforan los oídos, mide sus palabras con una cinta métrica, como si sus pensamientos los hubiera construido con cemento y ladrillo. Trata de ser modesto, incluso sumiso en ocasiones. Quizás la experiencia de haber dejado su casa a los 13 años para irse a La Masía, le demostró que cuando se es nuevo lo mejor es guardar distancia.

En su paleta de pintor, Guardiola mezcla la influencia de Cruyff como entrenador, la precisión táctica de Van Gaal, la templanza de Rijkaard, las charlas con Menotti, Bielsa y Pekerman. Combina el azul con el rojo, el amarillo con verde, pero todas las combinaciones le dan el naranja, el naranja de Holanda, de aquella naranja mecánica.

Lo de Mourinho es otra cosa. Es la inteligencia y el conocimiento puesto en escena, como si se tratara de interpretar varios personajes en una misma obra. A veces prefiere que se imponga la táctica al espectáculo. Otras que su equipo suene como orquesta sinfónica y no como una banda de rock. Así sea música clásica o rock and roll, los resultados siempre le sonríen.

Comparar a uno con el otro no tiene sentido, a menos de que hablemos de éxitos. Ambos son perfeccionistas, amantes de los libros y de la música. Son líderes, carismáticos con diferentes definiciones. Difieren en conceptos futbolísticos como los que más. Guardiola es predecible y Mourinho camaleónico.

Pero ahora que pondrán sus estrategias a la vista de todos ante los tres clásicos que se avecinan, habrá argumentos suficientes para que el espectador se identifique con uno, o con el otro.

[MEDIOTIEMPO]

martes, 8 de febrero de 2011

La Masía o la gallina de los huevos de oro


Muchas veces, la pesca deportiva se encuentra lejos. El pescador ambicioso prefiere alejarse de la costa, millas afuera, en busca del agua azul –no se me malinterprete, el agua de las bahías está más contaminada por el tránsito portuario y es de un color verdoso-, ahí donde los peces pesados se mueven como en casa. Ahí también, las aguas saladas son más cristalinas, y hay corrientes frías y calientes. Las más calientes son idóneas para un buen día de pesca. Pero lo cierto es que no siempre las mejores presas están lejos, por el contrario, pueden estar ante los ojos del pescador y sólo hace falta tener suerte y hacer un buen trabajo para no tener que salir muy lejos.

Y hago este preámbulo porque el Barça es uno de esos pescadores que prefiere pescar cerca de sus costas. La Masía se ha convertido en la mejor fuente de suministro futbolístico. No hace falta navegar en aguas internacionales para encontrar un Messi, un Xavi, un Iniesta, un Pedrito, un Busquets, y hasta un Guardiola. No. El conjunto azulgrana tiene en casa la gallina de los huevos de oro, esa que cada vez que pone un huevo se convierte en oro de 24 kilates.

El más reciente se llama Pedrito, ahora Pedro por cuestiones de mercadotecnia. Pocos futbolistas han tenido un progreso tan asombroso como el internacional español. Sólo necesitó poco más de un año para dar el salto de Tercera División a Primera. Primero coqueteó con quedarse en el primer equipo como si viviera en un elevador que sube y baja y viceversa. Hasta que convenció a Pep de que su casa era el Camp Nou.

A partir de entonces, ya no sólo se convirtió en un jugador regular del primer equipo, sino que se dedicó a batir récords hasta conseguir su llamado a la selección española. Es el único jugador azulgrana que ha marcado en seis competiciones diferentes. Eso le ha valido que el club le haga un contrato profesional hasta 2014 con una cláusula de rescisión de 75 millones de euros.

El habilidoso futbolista que se curtió en el San Isidro ha terminado por eclipsar al niño prodigio que todos siguen esperando. Bojan ha perdido créditos en gran medida porque Pedrito acortó los tiempos de maduración dejando en evidencia que el Raúl del Barcelona, aquel que amenazaba con explotar un día no muy lejano, se ha perdido en el camino e incrustado en el olvido.

Pedrito es el presente del Barça. Como también lo es Busquets. En unos años quedarán para el recuerdo y la memoria colectiva los bajitos con gravedad cero que embellecieron –y embellecen- las habilidades del gran Messi y que dieron, junto con otros grandes futbolistas, la Eurocopa de 2008 y el Mundial de 2010 a España.

Ya lo dijo Guardiola en alguna ocasión cuando le preguntaron qué pensaba sobre Pedrito. “Si fuera brasileño, le llamarían Pedrinho, y no tendríamos dinero en el club para ficharle”. Dicho esto, sólo me resta comentarles que el Barça ha puesto en marcha el curso de entrenadores de l’Escola de Futbol, que dotará a un total de 30 técnicos de Catalunya de la metodología Barça. Será como una Masia pero para los técnicos, que tendrá como objetivo preparar a los entrenadores que ya se encuentran actualmente en los diferentes equipos del club, y otros que "encajan y se adaptan" al perfil del Barça, según explicó Xevi Marcé, director de la escuela.

jueves, 3 de febrero de 2011

El Barça se inspira con Mourinho

Me dicen por ahí que Pep Guardiola, al inicio de este nuevo campeonato, ya no sabía cómo motivar a una platilla que lo había ganado todo a nivel clubes. El técnico culé se veía en un barco a la deriva, con poco combustible para llegar a tierra firme, con las ideas difusas y sin recetas nuevas que abrieran el apetito a los Xavi, Iniesta, Messi y compañía. Y fue ahí, en el Real Madrid, en el eterno rival, en donde el técnico culé encontró la respuesta a todos sus miedos.

La llegada de Mourinho al Real Madrid suponía un nuevo reto para el Barça. Su aterrizaje en Valdebebas suponía la oportunidad de una revancha deportiva después de la amarga eliminación del conjunto culé en Champions ante el Inter de Milan que dirigía el técnico portugués. No sólo fue el adiós a la competencia más anhelada y prestigiosa del viejo continente, sino las circunstancias en las que los de Guardiola se despidieron de la competición, el perder la oportunidad de coronarse en casa de su acérrimo enemigo quizás nunca más se volvería a presentar en sus vidas.

Así, con las heridas aún abiertas, el Barça recibió la llegada de Mourinho a la Liga española como un psiquiatra para contrarrestar la depresión. Sólo llegar, The Special One, sacó su libro de cabecera, lo abrió en el primer capítulo y comenzó su provocación. “Nunca entrenaré al Barça, nunca me perdonarán el haberles quitado la oportunidad de ganar la Champions en el Bernabéu”.

Mientras, en Can Barça, guardaban silencio. Atentos observaban al nuevo galáctico de la Liga. Mourinho acaparó la atención de propios y extraños. En pocos días ya no se hablaba de la plantilla blanca, ni de los títulos del Barça, ni de la despedida de Pellegrini. Los diarios deportivos españoles seguían a sol y sombra todo lo que hacía Mourinho. El madridismo recuperaba confianza y esperanza. Todo en el Santiago Bernabéu era alegría y felicidad.

Comenzó la Liga y el Madrid daba buenas sensaciones. Mourinho se fue haciendo fuerte hasta meterse en el bolsillo a Florentino, algo que no había ocurrido en otras ocasiones. Al portugués se le contrató para acelerar el fin del ciclo azulgrana, algo, que al principio, y con argumentos futbolísticos, parecía factible.

Mourinho no quitó el dedo del renglón. Continuó con su estrategia de provocar a Guardiola, a Messi, a Xavi, a Iniesta, a Piqué, a Villa, al que criticó por no marcar goles a pesar de que meses atrás, en el Mundial de Sudáfrica, había demostrado ser uno de los killers más contundentes del planeta tierra. Se metió con otros clubes españoles, despreció a algunos técnicos, incluso, se puso la soga al cuello al asegurar que, en el Clásico, no habría goleada.

Y se ahorcó. Llegó al camp Nou con su soberbia por delante y su estilo provocador por detrás. Salió al campo primero que su plantilla intentando restar presión a sus pupilos. Se le veía tranquilo, aunque no lo estaba, ante sí tenía al mejor Barça de la historia. Y así fue. Quizás en ningún clásico hubo tanta superioridad culé como en esta última batalla. 5-0 y para casa con la cabeza gacha.

El estilo Mourinho motiva al Barça. Guardiola no tuvo que recurrir a los vídeos, ni a las charlas motivacionales antes de cada encuentro. Las palabras de Mourinho para los jugadores culés son como dieses en la licenciatura, como playas paradisíacas, como vacaciones después de ganarlo todo.

Mourinho es un técnico ambicioso, ganador sin duda, así lo dicen sus números y sus interminables elogios por parte de sus jugadores. El portugués es fiel a sus ideas, siempre tiene un As bajo la manga, un antídoto contra la depresión, una estrategia contra la mesura, pero ante sí tiene a un Barça que no se cansa, que está en proceso de maduración, no se vislumbra un fin de ciclo, ni un final amargo. Mourinho tiene que ser paciente y aprender, que la Liga no es la Premier ni tampoco el Calcio.